Los palestinos deben aceptar la realidad de Israel como un Estado judío para lograr la paz

27/Dic/2017

UnidosxIsrael, Por Mitchell Bard

Los palestinos deben aceptar la realidad de Israel como un Estado judío para lograr la paz

Naciones de todo el mundo han condenado a
Estados Unidos por reconocer a Jerusalén como capital de Israel, diciendo que
la medida reciente del Presidente Trump es un obstáculo para un acuerdo de paz
israelí-palestina. Pero el obstáculo real para la paz es el rechazo obstinado
de los líderes palestinos a aceptar la realidad de Israel como un estado judío
permanente en la patria histórica del pueblo judío.
Este rechazo a aceptar la realidad puede ser
nombrado Síndrome de Trastorno Palestino. En tanto los líderes palestinos
continúen adoptándolo, no aceptarán un acuerdo de paz justo y realista
aceptable para cualquier gobierno israelí. Y como resultado, los palestinos
comunes sufrirán.
Cada vez que Estados Unidos hace demandas a
los palestinos –terminar con el terrorismo, dejar de pagar a los terroristas en
cárceles israelíes, terminar los esfuerzos por eludir las negociaciones
buscando reconocimiento en la ONU de un estado palestino– los delirantes
líderes palestinos amenazan con dejar de hablarle a los funcionarios
estadounidenses.
Los palestinos lo volvieron a hacer cuando
anunciaron que el Presidente Mahmoud Abbas no mantendría una reunión agendada
con el Vicepresidente Mike Pence después que el Presidente Trump anunció el
reconocimiento estadounidense de Jerusalem como capital de Israel.
La mayoría de los palestinos son buena gente
que quisiera tener vidas normales -ir a trabajar, educar a sus hijos, vivir en
paz. Sin duda serían felices si Israel desapareciera mañana, pero se han hecho
a la idea de vivir con los israelíes.
Así que si dependiera de ellos, la mayoría de
los palestinos probablemente aceptaría un plan de compromiso de paz con Israel.
Pero lamentablemente, la Autoridad Palestina es una dictadura dirigida por
Abbas sin apoyo público y con poca consideración por su pueblo.
Un sondeo reciente en la Margen Occidental y
Gaza –conducido por un instituto palestino independiente– encontró que 67% de
los palestinos quieren que renuncie Abbas.
Es cierto que el pueblo palestino sufre
privaciones debido a las políticas y acciones de Israel –pero estos problemas
son auto-infligidos, porque algunos palestinos participan en actos de
terrorismo que provocan contramedidas israelíes, necesarias para proteger la
seguridad de su gente. De la misma forma, Estados Unidos y muchas otras
naciones han aumentado la seguridad después de ataques terroristas.
Mientras, Abbas ha impedido que se celebren
elecciones durante una década y niega a su pueblo la mayoría de los derechos
civiles y políticos. Los palestinos carecen de libertad de culto, libertad de
prensa, libertad de reunión, derechos femeninos y derechos homosexuales. Los
árabes en Israel tienen muchos más derechos y libertades que los árabes que
viven en la Margen Occidental y Gaza.
Tristemente, a nadie le importa. La comunidad
internacional, la ONU, los grupos de derechos humanos y activistas
pro-palestinos callan en lo que se refiere a los abusos palestinos infligidos
contra su propio pueblo. A ellos sólo les importan los palestinos si se puede
culpar a Israel de algún presunto abuso.
El Presidente Obama tenía simpatía por la
causa palestina. Pero Abbas ignoró las súplicas del gobierno de Obama para que
no fuera a la ONU con quejas palestinas. Y Abbas se negó a negociar con Israel
con base en iniciativas de la administración Obama. Los palestinos también
continúan haciendo demandas a Israel como si fueran la fuerza dominante en la
relación. Se engañan cuando actúan como si Israel tuviera alguna razón para
aceptar demandas tan irreales.
En realidad, los palestinos no tienen más
opción que hacer concesiones o vivir bajo las condiciones actuales. Los
israelíes no quieren mantener el status quo, pero pueden hacerlo si los
palestinos no le dejan más opción.
La creencia de que la comunidad internacional
obligará a Israel a rendirse ante las demandas palestinas es la última
manifestación del Síndrome de Trastorno Palestino. Durante décadas, los
palestinos han albergado la ilusión de que a los estados árabes les importaba
su causa y echarían a los judíos al mar en su nombre. Pero en verdad, los
líderes árabes estaban interesados en dividirse las tierras que reclamaban los
palestinos, y durante muchos años quisieron destruir a Israel.
Afortunadamente, los ejércitos árabes fueron
incapaces de destruir a Israel en la batalla, aunque lo intentaron
repetidamente, atacando al estado judío en guerra tras guerra. Hoy, los estados
árabes se acercan cada vez más a Israel, a medida que reconocen que su enemigo
mutuo es Irán y concluyen que la cuestión palestina es irrelevante para sus
intereses nacionales.
Como resultado, luego del anuncio del
Presidente Trump en que aceptó la realidad de que Jerusalén es la capital de
Israel, los líderes árabes hicieron declaraciones superficiales, condenando la
decisión, pero no hicieron nada. Los musulmanes de todo el mundo no
respondieron al llamado de Abbas de tres días de furia. De hecho, pocos
palestinos prestaron atención.
Los palestinos recurrieron al terrorismo hace
muchos años, con la creencia delirante de que podrían expulsar a los judíos de
su patria. Pero los secuestros, ataques suicidas, intifadas y ataques en curso
no han tenido ni tendrán éxito en mejorar la difícil situación de los
palestinos. La violencia sólo ha empeorado las cosas para ellos.
El público israelí entero cambió hacia la
derecha después de la evacuación israelí de Gaza –dando el control a los
palestinos– porque los palestinos destruyeron la fórmula paz-por-tierra
bombardeando a Israel con cohetes. La mayoría de los israelíes ahora demanda
garantías de seguridad concretas antes de retirarse de otra pulgada de tierra
disputada. Cualquier nación en el mundo exigiría tales garantías.
Tal vez el aspecto más peligroso del Síndrome
de Trastorno Palestino es que los palestinos se han convencido de que no tienen
que llegar a un acuerdo con Israel, porque el tiempo está de su lado.
La tasa de fertilidad de los judíos es ahora
más elevada que la de los palestinos; no obstante, algunos palestinos creen que
finalmente superarán en número a los judíos israelíes y en cierta forma se tragarán
a Israel.
Alternativamente, algunos palestinos esperan
que uno o más países en la región obtengan armas nucleares y destruyan a
Israel. Los iraníes son los que más probablemente obtengan una bomba, pero si
alguna vez se vuelve realidad la pesadilla de un ataque nuclear exitoso contra
Israel, no hay duda de que morirían muchos palestinos, tantos como judíos
israelíes.
La mejor esperanza para una cura del Síndrome
de Trastorno Palestino es un cambio en el liderazgo palestino. Abbas representa
al último de la vieja guardia, la cual psicológicamente no puede renunciar al
sueño de liberar toda la “Palestina ocupada” –lo que quiere decir todo Israel,
no sólo las tierras que capturó Israel después de que fue atacada por ejércitos
árabes en la Guerra de los Seis Días en 1967.
Si los palestinos quieren lograr la
independencia, tendrán que tener líderes electos comprometidos con terminar su
sufrimiento y con terminar el Síndrome de Trastorno Palestino. Esto requerirá:
· Proveer derechos civiles básicos a los
palestinos bajo su autoridad.
· Entrar en negociaciones cara a cara con
Israel con expectativas realistas.
· Demostrar que están dispuestos a vivir en
paz al lado del estado judío.
· Reconocer que la línea de armisticio de 1949
que estableció la frontera del reciente estado independiente de Israel después
que éste derrotó a los ejércitos árabes invasores no será la frontera en el
futuro.
· Aceptar que Israel nunca renunciará a su
antigua capital de Jerusalén.
· Entender que Israel no aceptará el sueño
palestino de un “derecho al retorno” para más que una fracción de los
refugiados palestinos que huyeron de Israel en la década de 1940 y sus
descendientes nacidos en otras partes en los últimos 70 años.
· Aceptar que Israel nunca se retirará de los
principales bloques de asentamientos en la Margen Occidental.
· Renunciar a la idea que Israel puede ser
presionada a aceptar sus demandas por medio de terceras partes a través de
boicots, resoluciones de la ONU o cualquier otra amenaza.
Terminar el Síndrome de Trastorno Palestino no
será fácil. Los delirios del síndrome son más antiguos que la mayoría de los
palestinos vivos hoy, les fueron enseñadas desde la niñez. Pero en algún
momento, los palestinos tendrán que aceptar la realidad si desean verdaderamente
alcanzar un acuerdo de paz mutuamente beneficioso con Israel.
-El Dr. Mitchell Bard es director ejecutivo de
la American-Israeli Cooperative Enterprise y autor/editor de 24 libros
incluidos El lobby árabe y la novela Después de Anatevka: Tevye en Palestina.